El sobrenombre de este famoso guerrillero es el origen del significado del verbo empecinarse en la actualidad y así se dice empecinarse a obstinarse o empeñarse en conseguir un fin. Sin embargo, la etimología original es más antigua, pues empecinados era el apodo que tenían todos aquellos que nacían en el pueblo de Castrillo de Duero al parecer por la abundancia de pecina (cieno negro) en el arroyo Botijas que cruza el pueblo. La palabra empecinado tenía el sentido, referido a una persona, de sucio y poco cuidado. Pero éste personaje cambió definitivamente el sentido de la palabra, otorgándole mayor nobleza.

Juan martín Díez nace el 5 de septiembre de 1775 en Castrillo de Duero (Valladolid). De familia campesina, ya a los 18 años participa en la campaña del Rosellón donde aprende por igual a odiar a los franceses y a guerrear. Al finalizar está se casa y establece como labriego en Fuentecén (Burgos) donde la invasión francesa de 1808 le alcanza.
Se dice, que allí en Fuentecén, un soldado francés violó a una muchacha y Juan Martín se tomo la justicia por su mano a sabiendas de que el crimen quedaría impune. Imposible permanecer en el hogar, recluta a su primo y un amigo y marchan a hacer la vida imposible al invasor, inicialmente en la ruta que unía Irún, Vitoria, Burgos y finalmente Madrid.
Integrada su cuadrilla en el ejército regular combate en Cabezón de Pisuerga (Valladolid) y Medina de Rioseco (Valladolid). Estas dos derrotas en batallas de corte tradicional (cara a cara) son las que le convencen de combatir como una guerrilla. Así empieza una racha de victorias en Aranda de Duero, Sepulveda, Pedraza y en general la cuenca del río Duero que le llevarán a ser nombrado en 1809 capitán de caballería. Su fama y con ello su cuadrilla y radio de actuación crecen hasta abarcar Gredos, Ávila, Salamanca y finalmente Cuenca y Guadalajara.

Finalmente, dada la dimensión del problema guerrillero en España, Napoleon ordena al general Joseph Leopold Hugo (padre del escritor Victor Hugo) dar caza en exclusiva a Juan Martín y su gente. Tras fracasar en su misión, el general francés secuestra a la madre del guerrillero junto con otros familiares como medida de presión. Ni corto ni perezoso Juan endurece sus acometidas y amenaza con el fusilamiento de prisioneros franceses en su poder consiguiendo finalmente la liberación de su familia.
Durante el resto de la ocupación alcanzo el rango de Mariscal de Campo por sus acciones y su “cuadrilla” llego a alcanzar la cifra de 5.000 hombres. Lo que le permitió plantar cara a los franceses en campo abierto cuando la situación lo requería. Combatió, entre otros muchos lugares, en el castillo de Ciudad Rodrigo (donde fue sitiado por los franceses), en la defensa de Alcalá de Henares, en las tomas de Calatayud, Medinaceli y de Guadalajara ya al final de la Guerra. Incluso intenta sorprender en una ocasión a Jose I Bonaparte en su retiro en la Casa de Campo de Madrid.
Terminada la guerra, Fernando VII concede a Juan Martín Díez el derecho a firmar como “El Empecinado” de forma oficial y le confirma como general. Y aunque inicialmente El Empecinado confía en el restituido monarca, al presentarle este una carta solicitando la convocatoria de Cortes y la restitución de la constitución de 1812 es desterrado a Valladolid.

Durante el Trienio Liberal de 1820 a 1823 El Empecinado lucho con éxito contra las tropas absolutistas, siendo finalmente obligado a retirarse a Portugal ante la marcha de los Cien Mil Hijos de San Luis.
A finales de 1823 fue capturado mientras dormía en Olmos de Peñafiel (Valladolid) y llevado preso a Nava de Roa (Burgos) donde fue expuesto en un jaula en la plaza del pueblo. El propio Fernando VII firmo su condena a muerte siendo El Empecinado ejecutado en la horca el 20 de agosto de 1824.